Mujeres sin el “gen mamá” y cómo saber si lo tienes.

La maternidad o la paternidad no son un deber, es una elección que sólo le corresponde tomar a quien decide dar el paso, tu familia o la sociedad no son los indicados para elegir por ti.


Has llegado hasta aquí buscando un poco de guía sobre por qué no se te ha encendido el botón de “ser madre” y a las demás sí, no soy una respuesta, pero déjame decirte que no estás sola en el sentimiento, porque de entrada ya hemos confirmado que tú y yo tenemos en modo suspendido el tal “llamado de la naturaleza” a reproducirnos y eso querida lectora no te convierte en un monstruo de siete cabezas, como tampoco transforma en sapos a aquellos hombres que han abandonado la bandera de “macho alfa reproductor”.

En casa con mi mamá siempre hemos sido muy abiertas a la hora de hablar sobre el tema de los bebés  y el momento para tenerlos, recuerdo por ejemplo que una vez en la playa le dije que si hubiera quedado embarazada en la adolescencia, seguramente habría optado por dar en adopción y fue en ese instante cuando comprendí con su respuesta que mi vocación de madre estaba extraviada.

¿Cuál fue la respuesta? Bueno, básicamente algo así como “yo le habría ayudado a cuidarlo”, dándome a entender que por ningún motivo debía saltar del barco de la maternidad aunque no estuviera lista o no tuviera la edad.

Debo aclarar que este escrito no pretende menospreciar la labor y sacrificio (sí, sacrificio) de aquellas mujeres que decidieron dar el paso y traer un nuevo ser humano al planeta, al contrario, creo que lo que quiero es dejar claro que no todas tenemos instalado el botón vocacional para la labor, no tenemos el deber como mujeres de dar a luz y que bajo ningún pretexto eso nos convierte en personas egoístas.

¿Cómo saber si no quieres ser madre?

A todas nos han dicho la famosa frase de “nunca digas nunca, ya te darán ganas” o “el reloj biológico no se te ha encendido aún”, como si quienes lo dicen tuvieran la posibilidad de saber a la perfección cómo sentimos o qué demonios nos produce la idea de tener un bebé.

Todo se complica cuando a tus padres se les activa su reloj de ser abuelos, y el tuyo de mamá no hace ni Tic ni Toc, de hecho es como si nunca hubieras comprado el dichoso mecanismo que le avisa a tu cerebro que la hora ha llegado… que debes reproducirte.

Eres egoísta, porque sólo los demás saben tomar esa decisión por ti…

Sí que lo eres en el sentido de no otorgarle a tu familia un sobrino, una prima o un nieto, todo de repente parece depender exclusivamente de ti, es como si el legado familiar yaciera por completo en tus manos y en tu útero, eres una egoísta porque no has pensado que los demás quieren que seas madre y tú les has negado el derecho universal de seguir expandiendo el apellido por el planeta entero.

No lo niego, está en los genes querer postergarnos de una generación a otra, pero también está en los genes la supervivencia y tal como vamos, no va a quedar planeta para las generaciones venideras, lo que es más grave es que muchos de esos ‘padres y madres modernos’ han decidido tener hijos como un accesorio mas y cuando les incomoda les basta con sentarlos frente al televisor o le ponen una tablet o el smartphone que tengan al alcance,  criando así a niños desconectados del mundo real y encerrados en la vida virtual de quien sufrirá por no tener los suficientes ‘me gusta’ en Facebook.

Seguramente eres egoísta cuando dices no a la maternidad que te asignan como rol desde pequeña, porque resulta ser que más sabe la gente de ti, que tú misma y así nos va, eligiendo a los más corruptos y dejando que lo que digan los demás determine tu existencia.

Mi gato me recuerda por qué no quiero ser madre.

Sagan es un gato bastante particular, opuesto a todo lo que me decía la gente sobre los gatos, porque le gusta estar todo el tiempo conmigo, me sigue a cualquier rincón de la casa y demanda más atención de la que cualquier perro podría pedir, sus maullidos llegan a ser exasperantes cuando repasas qué puede faltarle en ese momento, entonces te das cuenta que ha comido, tiene el arenero limpio, su tazón de agua fresca y un sitio cómodo en el cual descansar, ¿qué podré estar haciendo mal?, la respuesta es sencilla: no le estoy dando mi absoluta y entera atención, pues sólo logro tranquilizarlo cuando lo cojo en brazos y me paso el resto de la mañana o la tarde consintiéndolo y acariciándolo, se duerme y cesa el ‘miauuu, meaouuu, miiiiaaauuuu’ sin sentido, todo claro está, hasta que me alejo, se despierta y empieza una vez más el concierto.

No, no tengo el don de madre, porque cuando Sagan me ofrece como entretenimiento el maullar por maullar, yo decido llevarlo al salón y cerrar la puerta, todo con tal de escapar de un gato que no puede soportar que no lo tenga en brazos las 24 horas del día y eso querido/a lector/a, es para mí un claro indicador de que mi ‘reloj biológico maternal’ está roto, no niego que quiero y adoro a esa bola de pelos, pero tampoco mentiré al decir que tengo claro que un hijo/a demandará mucha más atención de la que le doy a mi gato y eso, créanme, no me atrae ni un poquito.

Ser madre requiere mucho más que cambiar pañales o despertarse a media noche para darle de comer, Sagan es un gato que desde que llegó a casa sabe usar su propio arenero sin que yo haya tenido necesidad de enseñarle, sabe limpiarse solo y no debo preocuparme si lo dejo solo en casa un par de días, porque sabrá alimentarse sin que yo tenga que estar presente, me da su compañía sin necesidad de sacrificar mi individualidad, sólo por estas últimas palabras sé que no tengo vena de madre, una mujer a quien llama el deseo materno, se llena de ilusión al pensar por ejemplo en cómo enseñarle a su pequeño/a usar el baño, a mí la idea no me parece nada atractiva.

Señales para indicar que no te atrae ser madre:

  • A futuro ves tu casa como el santuario en el cual deseas descansar del agobio del día a día, no como una guardería que has intercambiado por tus horas de sueño.
  • Te gusta viajar, al punto de que no renunciarías a recorrer el mundo por ser madre.
  • No te asusta esa famosa frase de “te va a dejar el tren”.
  • ¿Cambiar pañales a las dos de la mañana o ver tu serie favorita sin interrupciones?
  • La soledad no te asusta.
  • Utilizas todos los métodos a tu disposición para evitar quedar embarazada.
  • Pueda que tengas buena conexión con los niños, pero sólo porque sabes que no los tendrás el resto de la vida contigo.
  • Si te dan a elegir entre una mascota y un niño, siempre elegirás a la mascota.
  • Detestas aquellos pequeños que hacen rabietas y escándalos en público.
  • No te recuerdas jugando a ser la mamá, es más preferías jugar cualquier otra cosa.
  • El simple hecho de imaginarte embarazada te es ajeno o te asusta demasiado.
  • Dejar tu vida de antes para dedicarla de lleno a un bebé no te llama en absoluto.
  • ¿Dormir hasta tarde los domingos y comer a cualquier hora o despertar a las siete de la mañana para preparar el desayuno del pequeño de tres años que te llama mamá unas veinte veces en un minuto?
  • Cada vez detestas mucho mas que te insistan en que algún día querrás ser madre.
  • Nunca te has preguntado seriamente qué nombres les pondrías a tus hijos, de hecho ni siquiera te lo has planteado.
  • Te consideras una nómada y tener hijos de alguna forma te hace sentir menos libre.
  • Tienes la certeza de que el rol de madre no es lo tuyo.
  • Consideras que el ser madre debe ser un deseo profundo y no un deber social.

La responsabilidad de traer vida al mundo.

Mis padres me han mostrado con su ejemplo lo que implica ser padres, la dedicación, el esfuerzo y la entrega no es algo que tenga todo el mundo incorporado por defecto, estar presente en la vida de tus hijos es muy importante, hacerte cargo de quien has traído al mundo es uno de los requisitos fundamentales para cumplir a cabalidad con la tarea. Personalmente considero que cuando decidimos dar el paso de crear vida, de gestar, de parir, de criar, debemos sopesar todas las posibilidades, los pro y los contra antes de dar el paso, aunque nunca se está del todo preparado para tal labor, sí es posible planear todo lo mejor posible.

Después de todo depende de nosotros cómo introduciremos a ese pequeño ser al mundo en el que vivimos, ¿estaremos presentes en su vida o lo criarán otros?¿tenemos la capacidad monetaria para cubrir sus necesidades?¿qué haremos cuando llegue la adolescencia y no sepamos asumir el control?¿es el mundo en el que quiero que crezcan mis hijos?

A veces creo que no importa la edad que tengamos, siempre somos niños por dentro, con las mismas dudas y nuevos miedos, decidiendo tener más niños a los que nos aterra guiar por el camino equivocado, pues su vida depende de nosotros, de cómo percibe el mundo, pero aún más de enseñarle a diferenciar qué está bien y qué está mal, basados en lo que culturalmente nos han enseñado dentro de un sistema de poderes que no termina de convencernos.

Siento rabia, impotencia y tristeza cada vez que un padre o una madre fuma cerca de su pequeño, lo corrige con gritos, lo vuelve inútil dándole todo lo que desea, enseñándole una retorcida idea de la felicidad, creando un futuro lleno de vacíos emocionales.

Para ser madre se necesita ser valiente, estar lista para cada batalla que se presente en ese camino que es la vida, que ahora no sólo será la tuya sino la de alguien que has ayudado a crear, ser la artillería pesada en los días más grises de aquellos hijos, ser pilar para enseñarles a volar y a ser libres, seré sincera… yo aún sigo luchando contra mis propios demonios, no tengo la vocación de ser madre, pero eso no me convierte en un ser raro, de hecho el principal problema de la crianza actual es traer vida al mundo atendiendo a la aprobación social, porque no hay nada más precioso e ideal, que elegir dar un paso tan importante, con la seguridad de que lo deseas por ti y no por los demás, porque los hijos no son un objeto de decoración en un hogar, ni tienen la tarea de llenar nuestros vacíos, como tampoco tienen la obligación de cumplir aquellos sueños que tú decidiste dejar de seguir, los hijos no son la clave hacia la felicidad, tú mismo/a eres la llave de ello, no los conviertas en responsables de algo que te corresponde a ti.