Otoño

Partiendo del último muelle, ella tomó las maletas, se despojó de los temores, para viajar sin rumbo fijo, sin diferencias.

Descansó la cabeza en la almohada, recordando una vez su olor, que ahí yacía impregnado, donde los atrapase una vez el amor.

– Quiero tenerte de nuevo en mis brazos, no quiero alejarme de ti – repetía él cada día, antes de verla irse a dormir, ya incluso ambos pactaban, en silencio y sin poderlo decir, que no aguantarían hasta el invierno, que era preciso ya convenir…

“En otoño como si fuésemos hojas, podremos de nuevo sentir, que éste amor tan bonito, nos transforma en gran porvenir”

Él admirándola toda, diciéndole que es su adoración, ella siempre tan tímida y callada, sólo logra hacer evidente su corazón…

A él le encanta que ella, lo sienta profundo en la piel, saben que no se trata de algo a la ligera, ni de sueños construidos de papel.

Allá donde el sol se oculta, aquí donde provee el amanecer, continúan los relatos sin amargas angustias, sin fantasmas a los cuales temer.

Ella porque vivió algún trago amargo, un veneno que quisieron hacerle beber, se negó rotundamente a esa locura, sufriendo duras heridas marcadas ahora en la piel. Él también en su tiempo, mucho tuvo que recorrer, soportar que lo hirieran con promesas… esas promesas escritas en un papel.

Y ambos curiosamente observan lo que un día fue, hablan sobre aquellos relatos, que no les permitieron florecer. Al final a ambos de algún modo todo aquello, les hizo comprender, que ésto que viven ahora, no es sólo un cuento, ni una promesa ni algo a lo cual temer.

Buscan algún rincón en el mundo, allí donde se encuentra él, que los acoja muy pronto, muy pronto, para poderse de nuevo recorrer.

La libertad implantada en sus corazones, los deja hoy en día saber, que no hay ya pasados que los detengan, que no hay fantasmas a los cuales temer. Ambos ríen como niños cómplices, de alguna travesura que piensan cometer, se cuentan cada detalle, tanto de ella como de él.

A pocos días de abrazarse de nuevo, de los riesgos que han de correr, él inmerso en la academia, ella sin poderse ya contener, porque él poco a poco con cada día, fue dejando en su piel, nuevas e imborrables huellas, que la hicieron convencer: de que la vida puede amarte de nuevo, que no hay complementos ahí… por doquier, que ni ella necesita medias naranjas, ni mitades que no puedan estar sin él.

Ambos se descubrieron un día, sin quererlo reconocer, que lo que sienten no les causa penurias, ni angustias, ni llantos, ni celos, ni algo a lo cual temer. Comprendieron que lo que en ellos habita, trasciende cualquier razonar, siguen viviendo cada día como si el mismo mundo se fuera a terminar.

Él le dice que lo sospecha, que sabe lo que suele allí pasar, ella se sonroja sorprendida… – ¡demonios! ¿Cómo no lo puedo ocultar? – Él sonriéndose la observa, le dice que sabe la verdad, que así ella se resistiera al principio, terminó por quererlo cada día un poco más.

A él le divierte la idea, no se logra contener, la mira con dulce ternura, le dice que allí la espera, que en sus brazos cabrá siempre él. Los suspiros no pueden evitarse, ni las risas de complicidad, entre picantes deseos del uno y del otro, en medio de su alocada forma de sentir el amar.

Sí, construyeron un puente sin palabras, más si con pura verdad, siguen practicando ser siempre honestos, porque ninguno de los dos juega al otro ilusionar. Porque como ambos aprendieron de su pasado, quien de ilusiones vive, sólo decepciones cosechará, por supuesto que ninguno de ellos, piensa volver a errar.

Le apuestan sólo al presente, a sus sueños que no han de acabar, ella entregada a sus pasiones, a la escritura, a su literatura, al amor de verdad. Que nace de ella y para ella, para así a él poderlo sentir. Notó entonces él en ella una fuerza que no depende de alguien más, surge como energía creadora, infinita, de la que no acaba jamás.

Por eso cuando él decidió, la historia entre los dos acabar, se sorprendió porque no hubo ruegos, para que él aceptase acordar, que habría una ilusión que los pudiera a los dos atar. Ella sonriente le dijo, – alza tu vuelo, no temas más, marcha que no hay espera, ve, conoce y aprende que más tarde me contarás. Esas aventuras que has de tener, de los labios que habrás de besar, de cómo todo ese nuevo camino, mil cosas te enseñará. Anda querido mio, nuestra historia no tiene final, yo no quiero promesas ni ilusiones, yo quiero sólo verdad. Si acaso ello es, que por mí no puedes aguardar, anda, no te preocupes tanto, somos consientes de quienes somos, de cómo actuamos y nada más. Así que disfrutemos de éstas horas, las únicas que nos quedan ya, mi sol y mis estrellas, Anha Zhilak Yera.-

Se despidieron con un beso constante, alguna lágrima de felicidad, más tarde descubrirían que lo que los unía era la libertad. Él tomaba sus decisiones, sin presiones de ella o de alguien más, sintió en el pecho una llamita, que lo impulsaba a continuar. Le contó a ella más tarde, que un día después de mucho pensar, descubría que por vez primera no se sentía presionado a alguna decisión tomar, pues eso que él le decía, era sólo la verdad, la quería profundamente, la deseaba a más no dar. – Me encantó que no me dijeras, que sin mi no podrías estar, o que me hicieras sentir algo mal por irme tan lejos y todo acabar. Tu sonrisa fue mi aliciente, tus palabras me enamoraron aún más, hoy por hoy sólo deseo abrazarte de nuevo, sentir tus caricias que saben amar. ¡Ay niña de mis ojos! que amas la libertad, tan tranquila y tan serena que nada te perturba, ni en soledad – dijo él a ella, cuando ya los separaba el mar…

Analizan sus decisiones, se cuentan todo lo que les sucede en soledad, de quiénes los desean, de viajes que les prometen, de pasiones que no los atormentan ya. Se ríen de cómo viven, de cómo comparten su intimidad, de que entre los dos no existen abismos, ni miedos que los puedan ya separar, porque siempre fueron sinceros, en su forma de maniobrar, que la vida no está para etiquetarla, ni para promesas o para la falsedad.

Allí el tiempo se congela, los viajes se anuncian sin más, ella irá tras las letras y él cuenta los días hasta que otoño se la vuelva a entregar.

Marie.