A él, mi hermano, un insecto de antaño.

Soporte temprano creado a mi medida, compartimos más de lo que la gente imagina, eres inspiración y fruto que me llena el corazón de alegrías. Sonrisas y burlas que contagian a cualquiera que te conozca y que nos vea juntos. Nuestros pensamientos viven aunados y pocas veces son contrarios.

Menor pero con el espíritu andante y consejero, quien escucha sin temor a opinar y decir las cosas tal y como son. Ambos libres y honestos, sin miramientos o miedos que pueda llegar a frenar la razón. Más allá de alelos compartidos o genes bien merecidos, sos el hermano que mejor he pedido.

Orgullo que llena mi pecho de emoción, no sé ni cómo dedicarte una canción. En ti veo más de lo que mis ojos perciben, eres luz eterna y mi guía secreto, el consuelo que siempre llega el aliado incluso en momentos inquietos.

Sí, ambos somos errantes, nómadas y sinceros, sin ataduras, con ese sazón que dictamina el cielo, carentes de jaulas, rompiendo las cadenas que nos anclen al suelo. Más que palabras, más que un verbo, sos mi hermano querido, ese al que atenta escucho sin contrariarme por dentro.

Un rincón en mi alma no tienes… no, nada de eso, porque vos llenas completamente mi presente, sin dudas, con preciosa fe en mis sueños. Quiero animarme y viajar contigo, allá donde conseguiremos juntos tu sueño, más estos pies míos son nómadas, no puedo prometer algo que no tengo en mi vida concreto.

Dejemos que el tiempo decida como siempre, mis pasos, tus pasos, los nuestros, tú con las burlas, las bromas y tanta gracia seguro conquistas el universo. (Marie)

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A él dedico mis palabras, mi hermano, el menor de todos ellos, él es quien guía mi vida sin saberlo, cuando yo cada noche agradezco en silencio. No puedo evitar decir cuánto lo quiero.