Ajá ¿y tú qué?

te quiero

Debo confesar que tus palabras siguen siendo como notas musicales en mi mente. Ese sabor y ritmo son incomparables, te sigo pensando a diario, algunas horas más que otras. Maldita sea si sigo en este absurdo plan de tire y afloje, por muchas cosas que ocurran, compartir desórdenes mentales con vos no está recomendado para mi salud emocional.

Sí, ya lo sé. Ninguno puede entender porqué nos toca actuar de líneas paralelas, con tanto en común pero con un pequeño problema, tenemos atrofiada la forma de expresarnos sin herir en el proceso al otro. Mi estupidez no tiene límite cuando me atrevo a decir “hola” y simplemente atinar a escribir que sólo quería saber cómo estabas.

¿Recuerdas el documental de Eduard Punset? Ese, el que hablaba sobre cómo el cerebro toma decisiones segundos antes de que  nosotros lo podamos notar; ajá, ese que fue el preámbulo de una noche inolvidable, ese que nos puso a hablar incoherencias hasta llegar a donde queríamos llegar, algún tiempo después me dirías que nunca olvidarías ese primer beso o qué sentiste cuando acariciaste mi piel “es perfecta, no te imaginas cómo es de deliciosa”

A mí me gustas con todos esos males menores y mayores, esa clave oculta en algunos textos y en miradas ajenas a los demás, es inevitable, algo hiciste muy bien como para tenerme hablando aún de vos, déjate de tanta magia oscura, porque hoy visitaré los alrededores de nuestro origen, hoy haré un viaje en el tiempo para verte donde ya no habitas.