En pocas palabras voy a decirte.

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No supe a que sabían los sueños, hasta que viniste a colarte en los míos,
pintando un desorden de ideas que mojaron mi boca y cristalizaron mi piel.
A fin de cuentas, no pusiste empeño en conquistar mis demonios,
porque presentías que compartíamos el mismo infierno.

No sé de qué vas o a qué vienes,
cuando me conviertes en desierto,
siendo tú el puto oasis de en medio,
perdido, profundo y a lo mejor,
parte de mi imaginación.

Debo confesar todo lo que me callo al besarte,
porque morder tu alma no me alcanza para probarte,
tal vez se debe a que mis dientes prefieren apretar suave,
anclarse en tu memoria,
penetrar tus miedos,
con el único fin de desgarrarlos por dentro,
comiéndolos hacia afuera.

Mi lucha continua de creerte utopía,
la batalla diaria de concebirte como realidad,
llamarte por el único nombre que se te ajusta: ‘cariño’,
escribirte en vano, para jurarte eterno,
dibujarte los esquemas,
para hacer música en tus partituras…

No sé cómo explicarte que no me entiendo,
al sin-son de tu son en mi piel cuando la tocas,
por el Do-Re-Mi de tu boca,
a causa de tus manos cuando sin querer me invocas.

Vamos a postergar mis guerras con tu mirada,
donde habito,
donde me escondo,
porque tú eres lo que no sé definir,
siendo en pocas palabras: mi lugar favorito,
siendo en muchas otras: ese Amor infinito.