Un precioso accidente


rain


Suena en la radio una canción que no conozco, pero que tiene la particularidad de recordarme tu forma de sonreír, entonces elevo mi mirada al techo, cierro los ojos por un instante y te recuerdo.

Parece que el tiempo ha corrido presuroso entre nuestros dedos y sin embargo soy consciente de que aún me queda toda la vida por delante para seguir conociéndote, encontrándote detrás de alguna jarra de cerveza, al otro lado de la pantalla o dibujándote con las líneas que pones en orden cuando suena mi teléfono para avisar que es un nuevo mensaje de tu parte, posiblemente un monito cubriéndose los ojos y tu inevitable ‘¿sabes que te adoro?’

Se me antoja contarle al mundo que un día tú me descubriste con la guardia baja, que te escabulliste en medio de mis costillas para colarte muy despacio en mi corazón, que sin lugar a dudas eres (y siempre serás) la mejor borrachera de mi vida.

Sigue sonando algo que te evoca, posiblemente es el encanto taciturno de los recuerdos que me has ido sembrando en los párpados cada noche antes de irme a dormir, con la clara certeza de que al día siguiente tú serás mi primer pensamiento, porque nunca viene mal besayunarte, porque siempre estaré encantada al cenamarte.

El ventilador no tiene la propiedad refrescante de tus besos y éste verano me consume hasta los huesos cuando no estás a mi lado, voy a decirle a esa distancia finita que nos separa que es una “hijaputa”, que más le vale traerte de vuelta en ese tren que te ha llevado lejos de mi piel, no soporto estar en la estación y verte marchar o que sea yo la que se sube en algún vagón y te ve desaparecer en la distancia, agachando la mirada, mientras escucho cómo el alma se me encoge dentro del pecho, arrugándose con cada kilómetro que se interpone entre nuestros cuerpos, colapsando porque sé que al día siguiente no estarás, porque el amanecer es posible cuando eres el sol de mis mañanas.

A ésta aventura de sueños repentinos le faltan capítulos por ser escritos, pero es que cuando regresas a mí, las palabras se evaporan y se condensan en forma de nubes que sólo llueven cuando te marchas.

Tú existes más allá de las letras, eres posible en mis pensamientos, colgando de cada destino posible a tu lado, porque desde que aterrizaste vertiginosamente en mi vida, todo accidente previo adquirió sentido, el mundo ha trazado una ruta que te ponía como meta, tú eres todo lo que se detiene en mi lengua y busca escribirse con sentido, pero que claramente sólo es posible a través de la musicalidad perpetua de tu mirada, cuando me sacudes el alma o cuando brindo por cada propósito que me da tu sonrisa.

En conclusión: aprendí a pronunciar tu ‘otro’ nombre, el día que me besaste por primera vez, descubriendo que no existe definición en el diccionario para lo que me haces sentir cuando tomas la guitarra entre tus manos y elevas tu voz para comunicarte con mi alma.

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