Voces arrugadas, amores infinitos

elderMe queda un día de éste año para elaborarte con la punta de las manos, para recorrer cada frontera de tu cuerpo con mis pies, para contarle al mundo que eres mi mejor viaje.

El reloj marca las 13:23 y yo te cuento en cada segundo de ausencia, recordando que tu puntualidad en mi vida ha puesto orden en medio de mi caos temporal, un estructurado sistema de encuentros diarios y descubrimientos emocionantes, porque empezar en tus labios ha sido el prólogo del resto de mi vida.

Me queda un día de éste año para susurrar en tu oído infinitos, contando relatos que sucedan en nuestra almohada, tejiendo historias sobre tus ojos para que al despertar sigan siendo realidad, porque yo no creía en cuentos hasta que tú me transformaste en uno muy posible.

Tocaré las cuerdas de tu alma para que sigas convirtiendo en música mis pasos y pintaré nuevas estrellas en el firmamento para que iluminen las noches que no estoy contigo, para que te besen los sueños, para te recuerden el camino de regreso a casa.

Me quedan pocas horas para prometerte lo imposible, porque desde que construiste éste puente de palabras entre tu alma y la mía, el río de la vida misma se calmó, permitiéndome ver el fondo, sólo para enseñarme que bastaba el silencio para poder nadar en aguas más profundas y que aquello no iba a hundirme en un nuevo abismo.

Podría con claridad indicar el día que invoqué tu nombre sin conocerlo, señalarlo en el calendario, en medio de un verano que me arrebataba la poca esperanza de volver a ser feliz, en medio de la incertidumbre, porque hallar la ruta hacia mi centro era parte de un laberinto aún más grande, uno en el que tú fuiste guía certero, ayudándome a derrotar al minotauro, enseñándome la puerta de salida.

Aquel día tus manos me sujetaron para unir los trozos rotos, bajo el riesgo de cortarte en el proceso, uniste mis esquinas y sentaste nuevos cimientos para que no pudiera ningún terremoto derrumbarme, te convertiste en pilar de futuros posibles, en presentes constantes, en el fluir de un tiempo que sólo quiero compartir a tu lado.

Me quedan tres horas para perderme en tu mirada, hundirme en tu pecho, nadar en tu sonrisa… me queda en pocas palabras, un universo entero de posibilidades a tu lado, para vivirlo año tras año, hasta que la última estrella en el cielo se extinga y tu voz y la mía, ya arrugadas, regresen a besarse en un último “te amo” antes de apagarse para siempre.

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