Deja que te bese en sueños

 


 

2015-12-06 14.06.54Respiro la profundidad de estos recuerdos que brotan por los poros de mi piel, te escribo desnuda de todas aquellas ideas pasadas sobre aquello conocido como “el” amor, sonriendo con la picardía de saber la respuesta a una pregunta que no nos hemos planteado aún.

Cerrar los ojos para escribir un poco más bajo la luz de tu nombre, viajar a través del espejo de la memoria y danzar sobre las fotografías que has ido plasmando en mi corazón, no seré yo quien te diga lo precioso que luce el invierno cuando al sonreír haces que broten pequeños tulipanes en mi pecho.

Sí, tu sonrisa puede sonarme a obertura en Mi menor, un réquiem de pensamientos acordes a tu mirada, la misma que me compone las piernas cuando camino a tu lado, tomando tu mano, sintiendo su calor tan infinito, acompasando un paseo de ilusiones que saben a chocolate por la mañana y a vino tinto al anochecer.

Eres una bóveda celeste entre mis costillas, palpitas y te expandes, caes lentamente como pequeños copos de nieve en mi boca, pal-pi-tas y te expandes en mi vida, me cubres con tu manto de sueños irreemplazables, te plantas firme en mis entrañas, pal-pi-tas y te expandes como música por mis venas, que sólo saben llevarte al destino principal: mi corazón.

Por eso no me queda mucho por decir cuando te observo en silencio, la misma razón que me roba las palabras, cuando por alguna preciosa casualidad tu boca osa tropezar con la mía, en un diminuto segundo que se estira hasta los límites de éste universo tan ligero y efímero.

Suenas al mañana que he imaginado, como si fueras las notas del piano que toco en mi mente cada noche antes de ir a dormir, procurando construir un mundo donde habites para siempre en mis palabras.

Soy una atrevida cuando deletreo cómo tus dedos se han enredado en mi cabello, bajando por las líneas que componen mi cuello, llegando a la base misma de mi pecho que sólo aprendió a latir cuando posaste tu oído para escucharlo en medio de la aguda agitación que me comía en vida.

Respiro en la profundidad de ésta realidad inmarcesible, volando por encima de los miedos que sujetaron mis alas al suelo, hasta que tú llegaste para enseñarme lo evidente: yo tuve todo ese tiempo la llave para abrir las cadenas, liberarme de la cárcel que inventé a mi alrededor, con la estúpida excusa de no querer amar.

Cierro nuevamente los ojos para pintarte en este lienzo llamado memoria, porque es mi manera de tocarte, una estrategia invisible que te besa la piel a través de éstas palabras que vuelan presurosas hacia ti, con el único objetivo de por fin encontrarte en sueños.

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