Escribirte a 100 latidos por minuto.

Ojalá que nuestro nombre se encuentre más allá de toda distancia impuesta, bailando al compás de tu boca deletreando mis apellidos, queriendo hallar la manera apropiada de besarte en esos silencios que tanto amas, en medio de toda tormenta provocada con cada abrazo que me enfundas en el alma.

Posiblemente te lea a través de todas las cosas que no puedo ni sé decirte cuando te tengo al otro lado del teléfono, porque no me alcanza con garabatear un “te amo” y poner a continuación una carita sonrosada, porque la realidad es que me tiembla el pulso y se me escapan suspiritos al recordar la esencia de cada letra, de cada imagen plantada en la memoria de ésta piel que te reconoce cada vez que cierro los ojos y te sueño.

No puedo dormir cuando necesito decirte que dos mil trescientas canciones bailan en mi cabeza con tu nombre en cada una de ellas, con tus ojos color paraíso atravesando mi espíritu que tiembla cuando lo besas, que se regocija cuando lo tomas por sopresa y le besas el cuello en un arrebato de amor sincero.

Sonará una más de Extremoduro de fondo, mientras yo intento beberme esta idea de encontrarte en sueños, para embriagarme de todo lo que representas y de todo lo que eres más allá de la palabra y la promesa.

Los Ronaldos ambientan éste rincón del Universo, porque “quiero más” de esa magia ilegal e irreversible de tus besos, del incienso que nace entre nuestros cuerpos, del irrevocable gobierno perecedero, sin políticas que me anclen a normas invisibles, porque tú eres mi patria sin bandera y mi ley sin policía.

Voy a bailar en tu mirada de niño bueno, para hacerte un poco más malo, ojalá y te desnude de adentro hacia afuera cuando me leas detrás de la mañana en la que no amanezco a tu lado, quiero que seas ésta posibilidad tangible de volverme anarquía entre tus manos y que un día te pueda nombrar en silencio y muy despacito al oído que eres poesía.

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Ilustrador: Puuung