El morbo de fracasar.

La siguiente carta la he dedicado a un amigo que cambió mi vida y me salvó de monstruos. No permitamos que la vida nos arrebate  la oportunidad de decir a tiempo cuánto queremos y lo mucho que nos importan las personas


mamelecSiempre aciertas (a veces me cuesta reconocerlo) y a pesar de todos los miles de kilómetros que hoy nos separan y de todas las heridas que compartimos (además de las que hemos intentado aliviarnos), me sigo dando cuenta que encontrarnos en el camino ha sido una de las cosas más bonitas que me han pasado, eso y que me presentaste a Margarita, ven pronto que tú me entiendes este caos compartido, odio tener que ir por la vida abriéndome las heridas sin querer.

¿Sabes? Anoche te metiste en algunas de mis letras (cabrón) luego me distraje y terminé escribiendo alguna que otra tontería que no tenía que ver nada con nada, recordé (y me gustó recordar), andaba muerta de miedo y pensé que aparecerías en Libertad para venir a matarme los monstruos.

Me han pasado cosas en una sola semana que parecen toda una vida (no te alcanzas a imaginar) con decirte que ayer por ejemplo palpé magia y un alma contenida en más de mil historias, creo que di con un espejo tan roto como yo (tal vez no tan roto, eso me asusta un poco, a veces también mucho),intento no abrirme nuevas heridas, por eso decidí pisar con cuidado los trozos de cristal que tengo esparcidos por el suelo.

¿Recuerdas la noche del concierto de Manu Chau? al final llovió un poco, ese día regresamos en Libertad, bañados de música y lluvia, tú arrancarías hacia Santa Marta a causa del amor (en busca de él), tu Amor (qué bonito recuerdo), yo me quedaba en Bogotá para matar otro monstruo que me ayudaste a combatir gracias a tus abrazos, nunca me dejaste caer y si llegué a hacerlo volviste a gritar mi nombre para que no lo olvidara, por si acaso el monstruo intentaba devorarme los restos de corazón en el pecho.

Y hoy te ha dado por compartir ese estado en facebook que me obligó practicamente a responderte para agradecer de nuevo el que me salves, que combatas sin saberlo hombro a hombro los demonios que llevamos por dentro, anoche mientras caminaba bajo la lluvia, hacia un refugio que encontré en esta ciudad, te recordé por tercera vez en la noche (la primera fue en las letras, no te imaginas cómo temblaba de miedo) y pensé “¡vaya! si él no se ha rendido creyendo que el Amor es posible ¿por qué yo lo haría?” (no te imaginas mi sonrisa de esquina a esquinaS), la segunda vez fue cuando llegué al refugio y saqué mi libreta intentando recordar el poema que me leíste la noche antes de venirme por acá (sí, el que escribiste allá en tus viajes), no te voy a negar que se me hizo un nudo en la garganta, suspiré y pensé en el ave de la que hablabas, planeando, disfrutando de las corrientes de aire, recuerdo también que antes de irme me abrazaste y me hiciste prometer que me cuidaría, que no dejaría que nadie me volviera a romper el alma, aquí sigo firme, al lado del cañón sin dejar el cariño a un lado.

Sigo buscando magia, a ratos logro encontrarla, a ratos me quedo sin nada, pero al final del día me siento a dormir con los recuerdos que me traje en la maleta. Ya sé que nunca antes te había escrito una carta (o cualquier cosa) pero anoche, cuando lo intenté no me salían las palabras que eran, no me encajaban ya sea por los nervios que daba escribirte a causa de una frase que nos describe y que me soltaron anoche: “pensándolo mejor, hasta daba morbo fracasar”, me dio risa que la primera persona en la que pensé fuiste tú, porque ‘jijuemadre’ vida, hemos fracasado una y otra y otra vez en temas del amor, sin embargo insistimos en que vamos a dar en el clavo correcto, en el que fluya sin hacernos más heridas.

Compañero de guerra, aquí te regalo entonces los pensamientos de un día que se gestaron en una noche, salud al tiempo y a las bonitas casualidades.

Pd. Lo sé, hace milenios no hablamos, pero que te leo… tú lo sabes, lo que no sé es cómo va tu Corín Tellado, el mío anda más calmado, pero me gustan las mareas que azotan despacito la torre en la que vivo.

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