Darle gracias al pasado, para encontrar el futuro y vivir en el presente.

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Hace un año habría sucumbido al encanto de promesas hechas en vano, lanzadas al aire y sepultadas diez metros bajo tierra tan pronto tocaban el suelo, suspirando de dolor por las heridas que seguían abiertas, creyendo que sólo tú podías sanarlas.

Hace un año, dos o tres, cada ‘hola’ moldeado por tus labios, lograba regresarme a la vida y sacarme del abismo al que siempre me lanzabas con un patada directa al corazón, no estoy aquí para decirte que por fin pude encontrarle final a nuestro libro, vine para agradecerte por mostrarme el camino exacto hacia mi felicidad.

Contigo hubo tantas montañas rusas emocionales, que al final terminé vomitando las mariposas que un día dejaste en mi estómago, se habían ahogado en mis jugos gástricos, ya no pululaban vivas y alegres, simplemente yacían en el asfalto recordándome que la resaca de ti estaba a punto de terminarse.

He florecido después del invierno en el que me sumió tu recuerdo, me topé con la primavera en otros labios que saben a néctar de dioses, al olor intenso de unos ojos que guardan mi reflejo y al cobijo de una piel que supo cómo soltarme en pleno vuelo para volver a la vida.

Gracias por regalarme un viaje de ida pero no de regreso, aprendí que la certeza le gana a la incertidumbre de un “tal vez” colgando del techo, que sostener su mano me hace vibrar el alma, procurando siempre bailar con cada vals de miradas que me regala, desde que llegó a mi vida el carnaval de sonrisas pasea en un ir y venir entre su boca y la mía.

Me convirtieron en primavera y ahora hay más mariposas volando a mi alrededor, que las que habitaron mi estómago por tanto tiempo, no sé cómo reducir a palabras lo que claramente es una experiencia sublime y novedosa.

Contigo tuve la posibilidad de descubrir que el amor sólo tiene sentido si fluye por su cauce natural, nunca a contracorriente, nunca si en vez de causar alegrías, genera tristezas, contigo pude ser testigo de mi propia evolución, porque pude sentar los cimientos para construir el hogar en el que realmente quería vivir.

Avancé mirando hacia atrás, porque fuiste el punto de partida para escribir el epílogo de nuestra historia, quise hacer honor a los buenos momentos y por eso te agradezco, por todos aquellos aterrizajes de emergencia que me acercaban más a la realidad de seguir el sendero que se separaba de ti y me dirigía hacia mí.

Ahora que lo pienso, pago mi deuda contigo, a fin de cuentas de no ser por tí, no habría encontrado el universo que él construye cuando sus manos se recrean en mi arquitectura, sobre el plano de ideas de una vida posible, del compás de un presente absoluto, del fluir de su amor que me inunda y me quita la sed.

Gracias por dirigirme hacia mi felicidad, deseo de todo corazón que puedas un día también disfrutar de la primavera y florecer como yo lo he hecho.

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