La revolución de los rizos.

El día que empecé a perder mis rizos supe que había llegado la hora de aceptarme, por poco que pareciera, aquella derrota sobre mi cabellera, me hacía recapacitar ¿hasta dónde había llegado para ser de una forma y no de otra?¿por qué tuve batallas contra mi pelo en muchas ocasiones y renegué de él?

Allí estaba yo, hecha un cúmulo de emociones y pensamientos contradictorios, queriendo ser una mujer que se peleaba con ‘el qué dirán’, porque nunca terminaba de convencerla lo que pensaban los demás de ella, y sin embargo, sin siquiera darse cuenta, había caído en la trampa.

¿Por qué no acepté mis rizos desde pequeña? Decir sí al pequeño caos que residía en ellos, su libre forma de moverse y rebotar, la despreocupada manera de crecer en dirección opuesta a lo estipulado por la sociedad, tan llena de muñecas con medidas perfectas, ojos grandes y cabello liso…

Tengo 30 años y me ha tomado al menos 25 de ellos, empezar a aceptarme poco a poco tal y como soy, esta lucha constante se ha ganado con una pequeña victoria personal: querer recuperar mis crespos.

Sonará a muy poco, pero he tenido que reconocer en el último año y medio que no soy del todo la mujer que siempre anhelé ser, a la que le importa un bledo lo que opinen de ella, aún me cuesta decir en voz alta las cosas que no quiero hacer o pienso ser, me aterroriza enfrentarme a la opinión de mi familia o a decepcionarles, he crecido creyendo que era la mejor versión de mi misma, pero en el fondo siempre sospeché que era infiel a mi corazón cuando quiso gritar que no, pero al final dijo que sí.

Por eso querer que mi pelo se enrede de nuevo a causa de rizos ensortijados, me vale por victoria en esta lucha constante de negaciones personales, estoy aprendiendo a amarme tal y como soy, perdiendo poco a poco el miedo, dejando escapar de vez en cuando mi voz para decir lo que realmente pienso o siento y no lo que otros quieran escuchar.

En los últimos cuatro años he conocido a mujeres diversas, llenas de energía, de cambios y transformaciones, con caracter, pintadas de tristeza, mujeres que no han temido esgrimir su espíritu para hacer sentir lo que son… lo que valen, tal vez han temido tanto como yo lo que van a opinar de ellas, pero ciertamente han sabido enfrentarse a ello.

Estoy empezando a dar pequeños pasos, no se trata de aquellas que he visto marchar y llenar plazas enteras, sino de ese sentimiento compartido de ser brujas y a la vez ser un cero a la izquierda, son formas tan sutiles las de controlarnos a hombres y mujeres en este mundo, que sacudirnos de la piel aquellos dogmas duele, a lo mejor no al nivel de enterarte que papá Noel no existe, sino de una manera más profunda, porque en todo caso es un proceso más doloroso y lento que no terminas de aceptar por completo.

Te escribo a ti que lees en silencio desde el dispositivo electrónico de preferencia, seas chico o chica, viejo o joven, ¿a qué le sigues temiendo para ser tú al completo? Nos han amputado el espíritu de explorar y querernos tal y como somos, nos han vendido la loca idea de que un ‘like’ o un corazón virtual representa lo mucho que agradamos a otros y qué tan populares somos, se nos convirtió en una droga la aceptación social y nosotros hemos elegido consumirla sin importar las consecuencias.

Rodéate de gente que te acepte y te quiera tal y como eres, no temas explorar en ti aquello que otros condenaron como absurdo y ridículo, de ser así, no tendríamos pintores, escultores, diseñadores o ningún creativo sobre el planeta, creamos más en el ‘Pepito grillo’ que tenemos dentro, escuchemos a esa voz de cuando éramos niños y preguntémonos si la decisión que vamos a tomar, no sólo nos favorece, sino que también nos hace felices.

Ilustración por Phoebe Wahl

Tener miedo es lo natural, consigue tus pequeños triunfos de aceptación personal, como mis rizos, que ahora busco recuperar a toda costa, son parte de mi identidad y de lo que soy realmente, renunciar a las máscaras que usas a diario nunca será sencillo, pero la recompensa es más grande, duermes mejor y sonríes honestamente.

Evita aceptar lo que dicen los demás sobre cómo deben ser una mujer o un hombre, créate y reconstruye la persona que deseas ser, no sólo por fuera, fundamenta los cimientos desde adentro, pueda que mis rizos hayan sembrado un camino de reconocimiento personal y una sublevación de emociones que invitan a la verdadera transformación, puede ser que empiece a perder el miedo.

Ámate despacio y cultiva el cariño propio, acepta que puedes equivocarte y que eso no te convierte en un criminal, ama tus defectos tanto físicos como emocionales, recuerda que sólo podemos ver el cielo nocturno en pleno, cuando nos alejamos de la ciudad y de su bullicioso existir, es entonces en medio de la oscuridad que ves las estrellas brillando.

Llamé a mi destino la “Revolución de los rizos”, tal vez sea también turno de nombrar tu propia sedición contra las negaciones personales, para ganar la guerra y decirte por fin “Sí”. ¿Nos unimos o nos hundimos?

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