Un último regalo

Si mis versos no fueron tu néctar
y mis labios dejaron de ser tu elíxir,
debo alzar mi voz y decirte
que me voy, que parto … que te dejo ser libre.
Fueron tus sonrisas mi delirio,
la forma hermosa de acariciarme,
un manantial de besos escondidos
en un paraíso que hoy fenece.
Aunque quisiera estar a tu lado
y amarte con el atardecer a nuestra vera,
puedo decirte hoy al oído
que te amo, más te dejo, no hay espera.
Marcaste esta mi alma con duras cicatrices,
que hoy emergen como diamantes de mis ojos,
y fuiste mi sol y mi tesoro,
y mi mundo con finos hilos de oro.
Ya me marcho lejos de tu cielo,
esas noches que me prometiste,
las miradas que nos dimos
y los sueños que me diste.
Mi perdón es tu condena,
mi amor un dulce manjar,
que te acaricia con el viento,
y te sumerge en mi mirar.
Si de versos se tratase,
te daría mil y un más,
pero son las parcas el destino
de un amor que no será.
Te vas más allá de las estrellas,
a un mundo donde se alza mi voz,
que trémula te acompaña
como un eco, como el sol.
Y es que mi amor siempre fue tuyo,
tu amor mío nunca fue,
y hoy te alcanzo con mi llanto
entre jazmines y babel.
No se trata tampoco de merecerlo,
pues con versos te lo digo,
que hoy mi voz que se alza
te perdona, te repito.
Pero parto ya lejos de ti,
entre veleros y canciones,
más allá de tus deseos,
más allá de nuestras pasiones.
Y fuiste y eres mi eterno suspiro,
que te plasma en estas hojas,
que ahora pérfidas me miran,
te reclaman y te añoran.
Vete libre, como un ruiseñor,
vuela alto como mi amor,
que hoy clama por tus ojos
y parte lejos como tu dolor.
Ya lo sabes mi bien,
“en tus ojos se ve”
que eres dueño de tu suerte,
de tu propio bien.
Me guardo tu olor,
en esta memoria achacada,
que consigue capturarte,
sólo con una mirada.
Y escribiré por tí mis versos,
y te llevaré en lo profundo del alma,
guardándote del olvido,
que hoy te angustia … que te espanta.
Mentiría si digo que no deseo:
ser tu musa, ni tu sueño,
pero mentiría muy bien,
si dijera que sin ti muero.
El dolor deja una herida,
profunda en tu corazón,
ya mi alma reposa tranquila,
en tus besos de ilusión.
No tortures tus pensamientos,
diciéndote “y si hubiera”,
ya el presente te anuncia
que te ames, que te quieras.
Debo darle muerte a este mensaje,
que te escribo en mi silencio,
que agoniza con tu llegada,
y se marcha con tu aliento.
Ya no estoy en tu cielo,
ya me fui de tu universo,
en el que fui una estrella lejana,
que siempre te amo en silencio.
Te regalo estos versos,
moribundos en nuestro presente,
un sin fin de besos ausentes,
que te dicen que te amo,
que eres mi  sol naciente.
Olvidarme no será algo fácil,
más te digo mi bien,
que tu amor descansa en mi alma,
acunado, protegido, siempre eterno, siempre fiel.
Ya verás cómo pasa el dolor,
pues lo que nunca fue,
no será en tu tormento o el mío,
y mis besos te alcanzarán
entre sueños ya perdidos.
Marcho entonces,
dormida en tus ojos de onix,
abrazándote los miedos
y murmurándote al oído: ¡avanti mi fénix!
Esto tu regalo,
mis últimos versos para tí,
pues en mi soledad estaré creando,
un hermoso jardín.
Dios sepa iluminar tu camino,
te llene de fortaleza,
te abrace con mi cariño,
y te de una vida plena.
Marie