Besitos de cienpiés

El infinito se despliega,
ante mis cansados ojos,
que trémulos te miran,
con su abandono.

El mar en tu deriva,
mi mar a tu acomodo,
que hoy te alcanza tan distante,
que hoy se marcha, ¡ya no hay modo!

Y te impregno las mejillas,
con besitos de cienpiés,
perdiéndome en tus pupilas,
encontrándome en tu ser.

Alma mia que lleva el viento,
acaríciale su verdad,
sedúcelo lentamente,
pues ya no volverá.

Y mis sueños de diseminan,
cual cruda realidad,
que hoy te alcanza entre versos
y perece con tu mirar.

Vacía pues tus entrañas,
que calor ya no me dan,
arráncame el amor muerto,
que ya no vivirá.

Y te doy el mar y el cielo,
y te doy el azahar,
y te impregno con mi perfume,
que hoy por prisas ya no está.

Abrázame a tu almohada,
amárrame con tu edredón,
calienta mi noche en vela,
y ya no pidas perdón.

Tus lágrimas tan mías fueron,
como lo fue tu corazón,
que hoy me extraña moribundo,
y clama por amor.

Abrázate pues a mi almohada,
que te deja mi perfume,
que entre sábanas de seda,
nos amó y hoy nos hunde.

Y enrédate en mi cabello,
y bésame un poco más,
que tus besos tristemente,
son mi néctar, mi mortalidad.

Allí que descansan,
allí siempre estarán,
y pequeñitos en tu alma
nunca morirán.

Y tu eres poesía,
tú eres mi beldad,
que hoy te vas con lo mares,
hacia un mejor lugar.

Llévate lo besitos,
llévate un poco más,
que este camino que empiezas,
largo siempre será.

Marie.

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